¿Qué condiciones debe reunir una explotación para empezar a aplicar la inseminación artificial?

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No hay un instante ideal concreto para que una explotación de ovino lechero empiece a aplicar la técnica de la inseminación artificial: siempre es buen momento. Pero sí es recomendable que se cumplan algunas condiciones, como se planteó en la tertulia virtual ‘Rentabilidad en ovino: Sin inseminación artificial, nada’, organizada por Reprovi.

Fernando Freire, gerente de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Ovino de Raza Assaf (Assafe), opina que “cualquier momento es idóneo para aplicar la inseminación, esa genética que se ha conseguido durante tantos años. Lo que yo tengo claro es sobre qué animales no se debe aplicar la IA; no vale decir “me quedan aquí unas pocas ovejas y como no han parido…”. No, sobre esas tenemos claro que no hay que hacerlo. ¿El momento de aplicarlo? Cuanto antes. Ese es el talón de Aquiles”.

Para Freire, en la inseminación artificial “falla el marketing”: “No puede haber un producto tan bueno que se utilice tan poco”. Y añade que “me gustaría que todos los ganaderos lo pudieran probar, porque es la garantía de que lo van a seguir utilizando. Nadie nos ha dicho que ha tenido resultados malos. Habrá que hacerlo con eficiencia, pero cuanto antes lo pruebe el ganadero, antes se subirá al carro de la IA y de la mejora de su rentabilidad”.

Por su parte, Roberto Gallego, secretario ejecutivo de la Asociación Nacional de Ganado Ovino Selecto de Raza Manchega (Agrama), apunta que “la inseminación artificial siempre ha estado vinculada al programa de mejora genética. Estos programas tienen sus propias limitaciones. Si fuera posible llegar a toda la demanda que se pudiera generar en un momento dado no seríamos capaces de atenderla. Nosotros hacemos entre 25 y 30.000 inseminaciones y nos sería muy complicado incrementar y pasar a 40.000”.

Gallego señala que hay limitaciones que “no son fáciles de salvar”, como el número de sementales disponibles, de logística, de disponibilidad de dosis, etc.

Desde su asociación, lo primero que exigen a un ganadero interesado en la IA es que esté haciendo control de rendimiento lechero “para tener valoradas aquellas hembras sobre las cuales podamos aplicar la IA”. Una vez en este punto, piden una serie de condiciones: “que tengan una edad no superior a 4 o 5 años, buena condición corporal, que no hayan tenido un tratamiento de sincronización negativo en el último año, que hayan pasado al menos setenta u ochenta días desde el parto anterior, etc. Condiciones que puedan minimizar aquellos factores que puedan repercutir en una no fertilidad”, sostiene.

Lourdes Mintegi, representante de la Confederación de Asociaciones de Criadores de Ovino de las Razas Latxa y Carranza (Confelac), se muestra convencida de que “cualquier ganadero que quiera implantar la mejora genética en su rebaño debería hacer uso de la IA”.

Para ello, “lo principal es que forme parte de una asociación, que sus técnicos conozcan ese rebaño. Desde las asociaciones, se les asesora y se les hace un seguimiento que se complementa con la IA”.

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